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Hace aproximadamente un millón
de años, en el Pleistoceno del Periodo Cuaternario de la era Cenozoica,
cuando el hombre iniciaba su andadura por la Tierra, las frías aguas
del arroyo de Valporquero empezaron a colarse a través de los poros,
fisuras y grietas de la roca caliza, disolviendo sus entrañas lenta
y tenazmente. Tuvieron que pasar años, siglos y milenios para que la
naturaleza nos mostrara el fantástico mundo subterráneo que fue modelando
sabia y pacientemente.
La Cueva de Valporquero posee dos niveles principales de
galerías, un nivel superior habilitado perfectamente para la “Visita
Turística” durante 1Km. de recorrido hasta la sala de Maravillas, y
un nivel inferior o “Curso de Aguas”, de visita espeleológica y de aventura,
que durante unos 2Km. atraviesa la montaña hasta las espectaculares
Hoces de Vegacervera.
Una enorme boca de cueva inicia el recorrido hacia una completa
visita al mundo subterráneo. La belleza de “Pequeñas Maravillas”, las
descomunales dimensiones de la “Gran Rotonda” (100.000m3),
la interminable longitud y altura de “Gran Vía” o las oscuras y profundas
simas de “Columna Solitaria”, van fijándose en nuestra retina hasta
desenfocarse finalmente en la sala “Maravillas”.
Todo ello a través de cómodos caminos, puentes y escaleras,
y con una iluminación artística con mas de 2.000 puntos de luz.
En épocas de lluvias o deshielo, el río penetra atronador
en la cavidad formando cascadas y rápidos que nos acompañan por las
primeras salas visitables hasta perderse en un impresionante salto hacia
las profundidades de la sala de Hadas. Por este motivo la primavera
y el otoño son las mejores épocas de visita.
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